Nicolás Fernández Miranda, máster en Neurociencia, explicó algunos de los motivos por los cuales se desenvuelven algunas conductas llamativas por un resultado deportivo, relacionado con lo que ocurrió en el Mundial de fútbol.
El profesional afirmó que esa sensación de dolor por haber salido segundos “es contundente, nos duele más el segundo puesto que el tercero, pero es muy interesante entender por qué y hay varios estudios al respecto”.
“Hay uno que se hizo en la Universidad de Cornell, en el 96, y después se replicó en el 2021, en el cual se preguntaron ¿por qué el segundo no es mejor que el tercero? Pasa lo siguiente, todo resultado deportivo se entiende dentro de todo resultado, no solo el deportivo, se entiende dentro de un contexto. Y un segundo puesto implica que vos tenías chance de ganar el primero”, detalló.
Sobre esto, Fernández Miranda agregó que “estamos mirando las cosas que nos faltaron para llegar al primer puesto. En cambio, un tercer puesto, en lugar de mirar las cosas que le faltaron para llegar al segundo puesto, mira las cosas que tuvo por las cuales no quedó en el cuarto”.
Por qué valoramos las cosas pendientes
En ese mismo sentido de la entrevista, el máster en Neurociencia apuntó a otra conducta que suele ser habitual: “Valoramos mucho más las cosas que nos quedan pendientes sobre las cosas que sí terminamos. Y eso hace que llegue el final del día nos sintamos mal, nos sintamos fracasados, ‘che, no estoy logrando lo que quiero y me empiezo a cuestionar mi vida’”.
“Pongo todo en tela de juicio, cuando en realidad lograste un montón de cosas. Es tu cerebro que te está jugando una mala pasada al hacerte creer que no estás logrando nada. Y esa generalización, por ahí puede ser el inicio de un círculo vicioso”, señaló.
Fernández Miranda propuso un ejercicio para evitar llegar a esa situación: “A la noche van a agarrar un cuaderno y un lápiz, y van a escribir sobre las cosas que sí lograste. Vas a decir, ‘che, esta semana logré XXXXX’ y te vas a dormir con esa sensación de logro”.
“Después, cuando tengas un día en el que te agarra el famoso y popular síndrome del impostor, en lugar de darte con un caño diciendo, ‘ay, no puede ser, no logro nada, no estoy en donde me gustaría estar, soy un fracaso’, te vas a ir a ese cuaderno y vas a repasar eso. Y vas a traer a tu memoria de trabajo la evidencia de que, efectivamente, sos la persona que querés ser”, concluyó.





