La licenciada en nutrición María Núñez, de la fundación Sanar, alertó sobre los peligros de la comercialización y el consumo de la carne de burro, luego de una prueba piloto que se realizó en la provincia de Chubut, en donde impulsaron la venta de este producto a unos $7.500 el kilo.
Núñez explicó que esta práctica no está permitida en el país: “Nosotros en Argentina tenemos un marco de ley, que se establece con el Código Alimentario Argentino, en donde está habilitada la exportación de carne equina, pero no la comercialización. Entonces, esta no habilitación de la comercialización hace que no haya un permiso legal para el consumo interno”.
“Esto, desde una mirada desde salud pública, es bastante serio, por lo cual hay que tomar cartas en el asunto, porque esta prueba piloto fue algo anecdótico, pero necesita ser habilitada por el código alimentario argentino”, remarcó.
La profesional apuntó también a la crisis económica y el elevado precio de la carne de vaca para la aparición de esta alternativa: “Estamos en un contexto donde la carne vacuna es cada vez menos accesible, entonces empiezan a surgir estas alternativas más económicas, ofreciendo esto como una opción más barata. Esto no es una política alimentaria planificada, sino es que es una forma de subsanar la falta de acceso a la carne vacuna”.
“Desde lo nutricional, la carne de burro no es una carne de mala calidad, o sea, es una carne roja, que es magra, que aporta proteína o hierro, vitamina B12. En este sentido, puede cumplir un rol similar al de la carne de vaca”, manifestó la nutricionista.
La alternativa de las proteínas vegetales
Núñez también dio a conocer una alternativa ante los costos actuales de la carne de vaca: “Hoy tenemos alternativas más baratas que son seguras, como son las proteínas vegetales. La gente desconoce que consumir legumbres, porotos, garbanzos, lentejas, arvejas, tiene casi las mismas proteínas que la carne animal, y esto es económico y es seguro, lo tenemos en el supermercado”.
“Hay que empezar a pensar una alimentación más diversa, pero que esa diversidad venga acompañada de una política pública seria, que haya educación alimentaria, que haya sistemas de controles sólidos. No puede quedar solamente librado a la lógica de la nutrición o del mercado o la urgencia económica”, cerró.




