El economista Joaquín Aranguiz hizo un balance del año en materia de política económica y se animó a proyectar un escenario de cara al año que comienza.
Aranguiz analizó algunas cuestiones puntuales como los desafíos económicos del gobierno, su influencia en el ciudadano de a pie, la importancia del dólar y cómo se plantea la situación de cara al 2026.
El balance de año
“Si nos paramos en diciembre de 2024 y miramos qué es lo que podíamos llegar a esperar de este año, el balance es medio neutral o un poco malo. Si lo pensamos respecto a mitad de marzo o abril, antes de salir del cepo, me parece que terminó saliendo dentro de todo bien. Si lo miramos con lo que eran los ojos de septiembre, después de la elección de Buenos Aires, cuando parecía que todo se volvió una catástrofe, me parece que todos firmábamos terminar el año así”.
“Si lo mirás con el optimismo después de las elecciones generales, también me parece que el resultado fue un poco magro, no tan bueno como se hubiese esperado. De todas maneras, creo que no es menor el hecho de que el gobierno haya ganado esas elecciones de medio término, sobre todo pensando en la continuidad y viendo hoy cómo están desde lo político”.
No terminó de bajar la inflación
“Desafíos económicos me parece que hay muchos y creo que no se avanzó tanto como se hubiese querido. No se terminó de bajar la inflación. De hecho, fue un año en el que, si bien se estabilizó dentro de todo en los niveles que se dejó el año pasado, no se pudo perforar consistentemente ese 2%. Y también me parece que siguen habiendo tareas pendientes desde lo cambiario”.
“Entiendo que mucha gente hace foco en esa cuestión, pensando en la micro, más que nada. Y pensando la macro como las variables más grandes, como la inflación, como las tasas de interés, como el dólar. Yo creo que van un poco de la mano”.
“Es imposible hacer ningún tipo de planificación a mediano o largo plazo, o pensar en tomar decisiones económicas por parte de las empresas o de la gente, si no hay estabilidad macroeconómica”.
Qué se ganó y qué se perdió
“Lo que ganamos es cierta previsibilidad, por lo menos para los siguientes dos años sabés para dónde van a ir las medidas. Obviamente, eso no para todos los sectores es bueno, pero muchas veces peor que tener un mal horizonte es tener incertidumbre sobre cuál va a ser el horizonte. Entonces, cuando vos tenés cierta certidumbre tomás decisiones y te tenés que amoldar a eso”.
“Lo que perdimos es que creo que quedan muchas tareas pendientes y, a lo mejor, perdimos tiempo para hacer alguna de esas correcciones. Al final, cuando se analiza la política económica, no sólo importa qué se hace o cuál es el horizonte, sino también importa el timing de esas medidas y la secuencialidad con la cual se van tomando esas medidas”.
El dólar y su techo
“Ellos pusieron las bandas, pero ahora van a ajustar tanto el techo como el piso por el ritmo de la inflación. Yo creo que la intención del gobierno no es que todo el tiempo estemos cerca del techo, pero sí que tengan la flexibilidad como para poder salir a comprar reservas, sin que eso implique pasarse del techo y, por lo tanto, tener que salir a venderla”.
“Hoy estamos a nada del techo de la banda, estamos a 5% del techo de la banda y, si el Banco Central saliera a comprar dólares, nos pasaríamos del techo y tendría que venderlo. Entonces, el efecto en términos de compra sería neutro”.
Lo que puede venir a futuro
“Todas estas reformas de las que se está hablando ahora, del tipo impositiva y del tipo laboral, son cambios estructurales, pero que difícilmente puedan tener un impacto grande en el corto plazo. Probablemente, si se hace en una buena dirección y termina saliendo algo positivo, quizás tenga algún impacto en los siguientes años”
“Dudo que vaya a ser un impacto inmediato, algo que cambie las reglas de juego de forma rotunda en el corto plazo. Yo creo que lo que lo que podemos ver en el 2026 es un año en el que, con cierta estabilidad de lo político, debería poder avanzarse más profundamente en algunos cambios en la política económica”.





