El Instituto de Periferias Mendoza elaboró un informe tras realizar un relevamiento que consultó a cerca de 2000 jóvenes de varias provincias argentinas. Los resultados fueron contundentes.
El análisis incluyó a 1746 jóvenes de entre 16 y 25 años, oriundos de 9 provincias, y los temas de consulta fueron el impacto de la situación económica, la precariedad laboral, los vínculos sociales, los consumos, las expectativas de vida y la salud mental.
Karina Ferraris, referente de la entidad, dialogó en Radio Regional y analizó los resultados: “4 de cada 10 jóvenes está experimentando frecuentemente ansiedad, angustia, tristeza. El 26,4% expresa sentir soledad, 24,7% experimenta miedo, y 4 de cada 10 refiere que su entorno está también preocupado y ha expresado preocupación por su salud mental”.
En el ítem de preocupaciones, el 64% mencionó la situación económica, el 38,5% el desempleo, y el 20,4% las deudas o los préstamos. Además, un 33.4% acusó preocupación en relación al estudio, 32,6% incertidumbre sobre el futuro, y el 32,5% problemas familiares.
Otro de los puntos salientes del informe detectó que la gran mayoría no encuentra ayuda. Del total de los encuestados, un 53,7% refiere que no buscó ayuda ante estas situaciones de malestar, un 78% no realizó consultas de salud mental, y el 45,4% declaró que no tiene cobertura de salud.
Sobre este último punto, el 18,8% no sabía dónde acudir, el 29,6% no creía que la atención sirviera para algo, y el 15,5% sintió vergüenza, dudas o miedo.
Hay un abismo
Ferraris apuntó a la falta de cobertura de servicios de salud como un factor destacado a la hora de explicar estos números: “Hay una distancia enorme entre las necesidades emocionales de jóvenes y adolescentes, y la posibilidad de acceder y recibir atención. Hay un abismo. Ahora, esa posibilidad de recibir atención es muy chiquita, más de la mitad no tiene cobertura de salud, y esa salud no puede pensarse como un problema individual”.
Y agregó que “esto claramente exige fortalecer la atención pública, ampliar esos espacios de escucha y, obviamente, construir respuestas comunitarias que puedan acompañar a jóvenes y adolescentes en estas realidades cotidianas”.






