El domingo pasado, cuando Godoy Cruz perdía 1 a 0 ante Mitre de Santiago del Estero por la fecha 16 de la Primera Nacional, el director técnico Pablo De Muner tomó la decisión de mandar al campo de juego a un pibe de 18 años con la idea que pudiera torcer el rumbo del encuentro. Y lo logró.
Porque en ese momento álgido de la tarde, cuando el equipo no encontraba los caminos y se disponía a comenzar el segundo tiempo, el entrenador mandó a la cancha a un tal Antonio Guerrero, un joven atrevido y encarador, cuyos orígenes están relacionados con la región.
El Galle, como le dicen, comenzó a jugar a la pelota en el Club La Amistad de Ingeniero Giagnoni ya que su papá, también llamado Antonio, era el presidente de la institución.
Después de dar sus primeros pasos, Guerrero decidió buscar nuevos horizontes y partió a Rosario para formar parte de las divisiones inferiores de Newell´s Old Boys. Sin embargo, una lesión lo marginó de la actividad, y en su búsqueda de volver a Mendoza, un llamado de su papá a Daniel Gato Oldrá le cambió la vida, y la carrera.
En el Tomba comenzó a jugar en octava división hasta llegar a la reserva de AFA, en donde compartió plantel con algunos de los jugadores que después llegaron a la primera división.
Y este domingo, tuvo su momento de gloria. Ingresó en el inicio del segundo tiempo, se mostró picante, pidió la pelota, cuando pudo se animó a encarar y, como si todo eso fuera poco, asistió a Martín Pino para el empate 1 a 1 y recibió la infracción adentro del área que derivó en el penal para el 2 a 1 definitivo. Un sueño hecho realidad






